mans

mans

dilluns, 11 de maig del 2020

CONCEPTOS BÁSICOS EN PSICOLOGÍA: COMO DISTINGUIRLOS.

El lenguaje coloquial, que suele ser el más utilizado, parece tener un alma propia.
Lo digo, porque en muchas ocasiones, conceptos que tienen una definición predeterminada, se utilizan con poco rigor, y eso lleva a confusiones que pueden generar actitudes negativas que influyen en nuestra vida.

Me gustaría hablar de algunos conceptos  malentendidos que se han generalizado y extendido en demasía en el entorno social.

Es cierto, que a veces, dos conceptos pueden tener algo en común, pero lo que no pueden ser es "sinónimos" el uno del otro.


Empezaré, como decía, a intentar aclarar las diferencias entre dichos conceptos para canalizar mejor una correcta información más real que supuesta.





TRISTEZA / DEPRESIÓN

Se confunden muy a menudo.






La tristeza, no es permanente ni crónica. No necesita intervención profesional.

Es un estado anímico muy conocido por todos, ya que en algunos momentos de nuestra vida, todos hemos vivido ese estado. 
Es una emoción humana que nos produce un decaimiento, un dolor interno, una decepción por algo no conseguido, una sensación de soledad de desamparo, de malestar general, infelicidad y de cierta tendencia a aislarnos demasiado. Puede expresarse de diversas formas: llanto, fatigabilidad, pesimismo, bajo estado de ánimo, etc.
A nivel orgánico, parece estar relacionada con un nivel bajo de serotonina, un neurotransmisor que se relaciona con los estados de ánimo y las emociones.

La depresión, tiende a permanecer y a cronificarse. Necesita intervención profesional.

Es un trastorno psicológico, que afecta nuestro estado general anímico, produciendo síntomas como: cansancio, fatiga, irritabilidad, dificultades en área de sueño y alimentación, sensación de culpa, baja autoestima, pesimismo, inactividad, anhedonia (no ser capaz de sentir placer en lo que hacemos), etc.

La tristeza, es un síntoma importante de la depresión. Todas las depresiones cursan con tristeza, pero las tristezas, no son necesariamente depresiones.



ANSIEDAD ADAPTATIVA / ANSIEDAD PATOLÓGICA

La ansiedad es una reacción de nuestro cuerpo, y no tiene porqué ser patológica. La ansiedad no patológica es una herramienta del ser humano que nos ayuda a adaptarnos mejor a nuestro medio. Ese tipo de ansiedad, es la que llamo ansiedad adaptativa. Mediante ella, podemos mejorar una capacidad personal o reducir de forma considerable un problema, e incluso eliminarlo/evitarlo. Aceptarla significa que somos conscientes de ciertos miedos (alturas, oscuridad, hablar en público, etc.).
Cuando no nos sirve para resolver el problema o mejorar una capacidad, y se cronifica 
con el tiempo, produciendo síntomas más importantes (ahogo, dificultades respiratorias, dolores musculares, mareos, etc.) es cuando hablamos de ansiedad patológica.

Como en el caso anterior, la ansiedad adaptativa, no necesita tratamiento ninguno, ya que suele desaparecer por si misma al poco tiempo de producirse.
En cambio, la patológica si suele requerir un tratamiento profesional, porque no podemos aceptarla y porqué influye de manera directa en nuestras conductas, en como percibimos las situaciones y en nuestra manera de ser.




AGRESIVIDAD: ESTRUCTURAL / DEFENSIVA

La agresividad, definida como una actitud (o estado emocional) de intensidad variable que puede ser tanto física como emocional, implica entre otras características la exteriorización de provocación, ataque, peleas, imposición, ira, rabia, etc.
Al igual que la ansiedad, la agresividad en sí, no deja de ser una herramienta necesaria para el proceso adaptativo. Es por esa razón, que debemos saber controlar su intensidad: un exceso nos puede llevar a un rechazo por parte de la sociedad en la que vivimos, pero si no tenemos un mínimo, nuestra adaptación puede verse enormemente comprometida.
La ansiedad estructural,  es la que hemos desarrollado en nuestra propia personalidad y es afín con nuestro carácter y forma de percibir, interpretar y vivir las diversas situaciones en general de nuestra vida. Está activa en todo momento y su variabilidad-intensidad depende más de nosotros mismos que del exterior.
La ansiedad defensiva, sólo aparece en casos necesarios, y su intensidad está muy condicionada a la situación que la provoca. Cuanto más daño podemos sufrir, más puede incrementarse nuestra respuesta agresiva, pero una vez resuelta la situación generadora de peligro, nuestra agresividad desaparece sin mostrar una línea de continuidad.

Ocurre un poco lo mismo que con la ansiedad: debe estar presente pero en su justa medida para no provocar malestar ni respuestas desadaptativas.


Debemos intentar siempre entender los conceptos de los que hablamos para conseguir un mejor nivel de conocimiento, lo cual va a favorecer la posibilidad de contrastar de forma adecuada la información que recibimos.


dimecres, 25 de març del 2020

EL CONFINAMIENTO FORZADO



Mirar adelante significa afrontar, luchar, Cualquier situación en nuestras vidas que requiera un confinamiento forzado, como en estas circunstancias provocadas por el virus COVID-19, genera un cambio radical en nuestros hábitos regulares y en la forma de vivir el cada día.

Tarde o temprano, acaba apareciendo un enemigo sigiloso, encubierto y con una influencia negativa en todos nosotros, que es el que denomino “ESTRÉS POR CONFINAMIENTO FORZADO (EPCOF).”




La base del EPCOF es cómo la del estrés que ya conocemos, pero más aguda e insidiosa, con aparición de ansiedad, síntomas disociativos [problemas de memoria, sensaciones de estar separado de uno mismo, irrealidad y/o distorsión de lo que me rodea (cosas, personas), dificultad en las relaciones personales, dificultades para aceptar y afrontar lo que nos pasa], depresión, desorientación, cambio de horarios, alteraciones de ritmos circadianos (los que se repiten cada 24 horas: sensación de hambre, ciclos de sueño, hábitos de limpieza, etc.).

Estos síntomas provocan un malestar clínico y social significativo, interfiriendo en nuestro quehacer cotidiano, afectando nuestra capacidad de concentración, nuestro rendimiento y la adecuada adaptación a nuestro entorno.

Puede aparecer desesperación ante las dudas de lo que está ocurriendo y de lo que puede ocurrir, generando desesperanza y una sensación pesimista constante que puede llegar a ser intensa.

Es por ello que debemos ser CONSCIENTES e intentar detectarlo, fijándonos en nuestra actitud, nuestro comportamiento y como reaccionamos ante cualquier hecho ocurrido. Será el primer auto-test aproximativo de cómo estamos de verdad, en relación comparativa de cómo nos veíamos o estábamos antes.

El EPCOF, tiene un claro agravante a nivel sintomático, que puede inducir a empeorar el posible pronóstico futuro. Ese agravante es el aislamiento absoluto del contacto con los demás durante un período de tiempo indefinido.

El que más se le acerca, es el confinamiento carcelario, pero en estos casos, se da una cierta relación interpersonal diaria, lo cual mitiga la sensación absoluta de aislamiento que se produce en el EPCOF.

Visto este aspecto diferencial, se entiende que la sensación de malestar es mucho más intensa, ya que la persona, en sí, puede no ser responsable directa del motivo por el cual debe estar confinada. Esta característica nos hace plantear, que una vez termine este confinamiento, los síntomas sufridos por los afectados, probablemente superen a cualquier otro tipo de estrés.

La vida puede ser percibida de forma muy distinta a como era antes. Sería conveniente realizar un profundo estudio de seguimiento a nivel mundial, y más en un caso como el que vive el planeta desde el inicio de enero del año 2020, que se ha convertido en una de las pandemias más graves y masivas de nuestro mundo (COVID-19) en mucho tiempo.

Puede que el Covid-19, reescriba la historia de la humanidad, y si es así, que lo haga en un sentido alentador y positivo. Quizás las experiencias sentidas por todos, sin excepción, nos marcan un más que probable cambio en nuestra manera de ser, en nuestro estado emocional, y en nuestra futura vida, partiendo prácticamente de cero.

Se ha paralizado nuestra vida social, familiar, profesional, y es algo que nunca habíamos experimentado con tanta realidad. En este caso, cualquier cosa que hubiésemos imaginado, ni se acercaba a lo que ha sucedido.

Pienso que en este post, no hace falta hablar de cómo combatir el estrés, todos podemos informarnos al respecto.

Lo que creo importante es matizar en lo posible, que planes de acción al respecto y cuales son viables, para que todos los afectados a nivel psicológico (y que me temo, van a ser muchos), puedan reflexionar muchos aspectos nuevos que van a ir surgiendo al retornar, poco a poco, a la normalidad.

En mi caso, y es una reflexión personal, discutida con una compañera y amiga de profesión, considero que los cocientes intelectuales de las personas (CI), no sólo deberían valorarse por la capacidad intelectual, por su conocimiento, por su cultura o por su experiencia y habilidad.

Entiendo que después de esta tormenta, los CI deberían valorar también el nivel de humanidad, lo actos sinceros de altruismo, la ayuda personal y social siempre que sea posible, minimizar el egoísmo y el narcisismo que delatan a los que se benefician sin dar ni de cerca lo que reciben, y que por una masiva consciencia social, determinados seres humanos no sigan considerando que están por encima de los demás.

Las mentiras, tarde o temprano, aparecen y destapan verdades ocultas que nadie quiere escuchar.

La ley, no es igual para todos, los derechos y las obligaciones no están equilibradas, los deseos y las necesidades están mezclados, y todas esas cuestiones, embrutecen todo aquello que alcanzan en su avance por la vida, que al fin y al cabo, fue, es y siempre será de todos, aunque, a alguien o algunos, no les guste aceptarlo.

Este aviso mundial me ha servido para reflexionar, para entender que todo lo que empieza, también acaba, y que lo que estamos viviendo en la actualidad, es un adiós definitivo a lo que hasta hoy, era el presente.

Mirar adelante significa afrontar, luchar, aceptar y no dejar de intentar aquellos objetivos que tengamos, sean los que sean, pero fundamentados en una sólida base que pueda soportar sin resquebrajarse ese peso.

Esta sólida base, a mi parecer no es tan difícil de establecer, pero hay que cuidarla siempre, como si su fuerza y estabilidad, dependiera de la nuestra.

Se basa en seis conceptos muy conocidos, pero un poco olvidados: CONVIVENCIA, TRATO, TOLERANCIA, RESPETO, AMISTAD, y FAMILIA.

Me gustaría acabar este post con un epílogo a modo de final, dónde intentaré expresar con más detalle los seis conceptos mencionados.

Como decía, todo puede estructurarse en 6 sencillas palabras, y curiosamente, en este caso, en 3 parejas que van de la mano.

LA CONVIVENCIA (saber compartir de forma adecuada lo de uno y lo de los demás. Nada es más importante que algo, todo pende del mismo soporte, y por mucho que haya, no debería sobresalir más allá de lo debido). Va de la mano con EL TRATO (forma de mostrar lo que sentimos los unos por los otros, con o sin obligaciones, elegido o no, pero necesario para que todo aquello que ocurra, salga a la luz de una forma o de otra. No siempre será el conveniente ni el más acertado, pero debe considerarse esencial. Es como un condimento que debe estar en su justa medida para no estropear lo cocinado).

LA TOLERANCIA (magnífica cualidad humana que genera una predisposición a aceptar que todos tienen algo y a la vez, podemos entenderlo, aunque no podamos aceptarlo. Es la base en la que se edifica todo lo demás). Sin ella, el ser humano no existe. EL RESPETO (es el vestido de fiesta de la tolerancia, el que debería adaptase a cualquier situación, combinado como un juego de colores aquello que más nos hace lucir. Es, a la vez, calmante, produce una sensación de serenidad y bienestar).

LOS AMIGOS (de una u otra manera son los vínculos afectivos más importantes, puesto que los elegimos nosotros, por voluntad propia, y esa elección, debería ser sincera y deseada. Están en todo momento, opinan, critican, imponen, regañan, pero también escuchan, acompañan, te besan y abrazan, y lo más importante, si son sinceros, siempre están). LA FAMILIA (este último concepto, es un capítulo aparte. Es la primera fuente de sensaciones y emociones de todo tipo. Es el primer diccionario de la vida. Iniciamos maneras, tendencias, modos, actitudes, formas y carácter. Siempre nos influye mucho más de lo que creemos, y sin ninguna duda, contribuirá a decantarnos hacia un lado u otro de la vida que tendremos. La familia, no la hemos elegido, es la que tenemos, no hay más, pero es la nuestra. No sirve de nada pensar con la cabeza. Es el único de los conceptos, que realmente necesita que en lugar de pensar, sintamos).


dimarts, 2 d’octubre del 2018

COMO AVERIGUAR PERFILES DE PERSONALIDAD CONOCIENDO LAS CONDUCTAS DE LAS PERSONAS Y NO LOS SÍNTOMAS (2)



En este segundo post, hablaré de los siguientes perfiles de alteraciones en la personalidad, es decir, de aquellos que muestran una cognición particular (en la forma particular de percibirse e interpretarse a sí mismos, a los demás y a los acontecimientos que les rodean), con posible afectividad inadecuada, con alteración en la actividad interpersonal y déficit en el control de sus impulsos. Su consciencia tiende a ser de manipulación para obtener lo que desean. 
Son los siguientes 4 trastornos: límite, histriónico, narcisista y antisocial. 


TRASTORNO LÍMITE (TLP) 






- Gran inestabilidad emocional, mostrándose tan alegres, ilusionados, motivados y colaboradores, como negativos, decepcionados, provocadores y forzados.

- Frecuentemente necesitan mucho a los demás, pero a la vez, los rechazan con suma facilidad. 

- Dan por supuesto que los demás han de saber lo que ellos quieren o necesitan.

- Captan con facilidad los puntos débiles de los demás y los utilizan para conseguir lo que quieren.

- Sus relaciones interpersonales son intensas y cortas.

- Aunque pueden ser potencialmente personas de éxito, no tienen continuidad.

- Pasan de la ingenuidad a una actitud paranoide con mucha facilidad (de extremo a extremo).

- Frecuentemente tienen “pensamientos mágicos”, es decir: sólo han de tener o hacer algo concreto para que todo vaya bien.

- No se sienten aceptados ni queridos como creen merecer.

- Las emociones, las conductas y las relaciones, cambian rápidamente en diferentes formas, según el momento.

- Tienen un funcionamiento más parecido a un niño que a un adulto.

- Sus acciones llegan al límite de lo tolerable.

- Se sienten muy vacíos y solos, teniendo bajones emocionales pasivos o bien activos

- Tienden a suprimir todo tipo de sensaciones de dolor psíquico: duelos, separaciones, frustraciones, desilusiones, etc.

- Manifiestan una alta ansiedad de separación, con necesidad de dependencia y protección.

- Suelen actuar de forma auto-lesiva (cortes, quemaduras, golpes,...).

- Frecuentemente se colocan en situaciones de alto riesgo personal.

- Absorben al máximo al otro hasta vaciarlo.

- Tienen dificultades de identidad, de saber quiénes son, con falta de perseverancia y muchos fracasos de todo tipo. Siempre es como empezar de nuevo.

- Buscan relaciones exclusivas “uno a uno”.

- Son manipuladores, hostiles y generan desconfianza a los demás con sus acciones.



TRASTORNO HISTRIÓNICO






- Muestran conductas diferentes según el interlocutor con el que están.

- Mucha preocupación por el funcionamiento del cuerpo, con abundante sintomatología somática.

- Pensamientos desproporcionados y persistentes respecto a la gravedad de sus síntomas.

- Manifiestan alto nivel de ansiedad asociada.

- Tiempo y energía excesivos dedicados a la preocupación por su salud.

- Emotividad excesiva e intensa que fácilmente se dispara pero que es difícilmente modulable.

- Gran necesidad de llamar la atención, de ser protagonistas, de seducir, de captar las miradas, de ser escuchados y de resultar curiosos.

- Notable dramatismo en la expresión de conductas y en la descripción de los hechos.

- Necesitan aprobación, acogimiento, consuelo y atención personalizada.

- Se muestran críticos consigo mismos para generar una actitud protectora por parte de los demás.

- Gran sufrimiento y malestar por lo que les pasa, debido a la sobre- dimensión e intensificación de los hechos.

- Se caracterizan por cambios rápidos i expresión plana de las emociones (belle indifference).

- Son muy sugestionables a lo que les dicen los demás.

- Manifiestan un diálogo basado en impresiones y sin detalles.

- Utilizan su aspecto físico y la seducción para atraer la atención.

- Suelen ser muy dramáticos y teatrales.

- Consideran y viven las relaciones interpersonales mucho más intensas y estrechas de lo que en realidad son.



TRASTORNO NARCISISTA






- Aparentan seguridad y explican con muchos detalles todo aquello que han conseguido (éxito que tienen en la vida en todos los sentidos.)

- Muy detallistas en el que expresan, sin ninguna duda aparente de conseguir lo que se proponen.

- No admiten un posible fracaso.

- Visión infravalorada de su entorno más cercano. Ellos, siempre son mejores que los demás.

- Muestran poca empatía con la gente que les quiere. Para ellos, querer y decirlo o expresarlo, no aporta nada, no es práctico.

- Piensan que no necesitan nada de nadie, ya que son únicos.

- No sienten necesidad ni dependencia hacia los demás.

- Son prepotentes, pretensiosos y creídos.

- La admiración que se tienen a sí mismos, sustituye la capacidad de querer y de quererse.

- NO tienen autoestima, aunque no lo parezca.

- Necesitan sentirse admirados por lo que hacen.

- Son arrogantes y tienen sentimientos de superioridad.

- Les cuesta mucho pedir ayuda al no reconocer sus insuficiencias.

- Suelen anular a sus compañeros, parejas, amigos, etc.

- Sus relaciones son de poder y utilitarias.

- La necesidad de ser importantes y “perfectos” los pueden llevar a distorsionar la realidad para interpretarla a su conveniencia.

- Transmiten un sentimiento de bienestar i optimismo en su vida cotidiana.

- Cuando las realidades no son las esperadas, viven con fantasías por ellos creadas.




PERFIL ANTISOCIAL





- Son personas caracterizadas por la agresividad, la impulsividad-explosividad y las dificultades de integración y adaptación al medio donde habitan.

- Tienen antecedentes de ser niños difíciles, mentirosos, crueles, con muchas riñas y enfrentamientos con normas y figuras de autoridad.

- Les cuesta ser constantes y mantener unos rendimientos generales aceptables.

- No saben responsabilizarse de casi nada.

- No son capaces de establecer relaciones afectivas estables ni a nivel familiar, ni social ni de pareja.

- Viven para sí mismos apartándose de todo lo que suponga colaboración, compartir o ayuda a los demás.

- Tienen un carácter irritable y muy poca tolerancia.

- No saben planificar ni organizar tareas importantes.

- Muestran dificultades para dar y recibir afecto.

- Son egoístas, desinteresados y despreocupados respecto a los demás.

- Los caracterizan conductas antisociales y delictivas.

- Suelen tener problemas de consumo de estupefacientes.

- No tienen ninguna prudencia, siendo propensos a situaciones de alto riesgo.

- Mucha promiscuidad a nivel sexual.

- Pueden mostrarse encantadores y facilitadores pero a nivel superficial.

- No resulta extraño que tengan un alto nivel de inteligencia.

- No manifiestan remordimientos ni ningún tipo de verguenza.

- Poca capacidad de juicio crítico i muchas dificultades para aprender de la experiencia.

- Son manipuladores y parece que disfruten haciendo daño.

- Abusan de drogas y de excesos en general.

- Pueden ser violentos en situaciones que no lo requieren.

- Mucha tendencia a culpar siempre a los demás de lo que pasa.




Sólo a modo de recordatorio la intención de esta serie de post era poder conocer los distintos perfiles de personalidad, no en base a síntomas clínicos sino a través del comportamiento que expresa la persona en concreto, tanto a nivel familiar como a nivel social.
Creo igualmente necesario comentar que este listado conductual debe ser entendido NO como una etiqueta sino más bien como conductas indicativas de posible perfil.



















divendres, 24 de novembre del 2017

COMO AVERIGUAR PERFILES DE PERSONALIDAD CONOCIENDO LAS CONDUCTAS DE LAS PERSONAS Y NO LOS SÍNTOMAS

En muchas ocasiones solemos definir a los demás en base a los síntomas que presentan, y puedo asegurar que esta costumbre es mucho más compleja y difícil de lo que nos creemos.

Gracias a la información que obtenemos al navegar por google, damos por supuesto que seremos capaces de conocer y entender como son las personas.

Los profesionales de salud mental trabajan con síntomas para establecer los diversos posibles diagnósticos de sus pacientes, pero esta información, es solo una parte de lo que tenemos a nuestro alcance para saber exactamente que ocurre en cada caso.

Es necesario aclarar que los síntomas de un trastorno etiquetan a una persona, pero en la vida cotidiana, es el comportamiento el que marca que posible personalidad tenga cualquiera de nosotros.

Por ello, me gustaría hablar de conducta y comportamiento del ser humano, antes que de los síntomas que lo clasifican de manera nosológica.

Los perfiles de personalidad basados en cómo se comporta un ser humano, nos ayudan a entender que le pasa y como puede expresarse en todos los sentidos.

En este post, intentaré resumir cuales son los comportamientos más característicos de los distintos perfiles agrupados por manifestaciones conductuales.

Debido a la gran cantidad de información y extensión de la misma, solo me referiré a los más frecuentes y lo haré en varias publicaciones consecutivas.

En este primer post, hablaré de los siguientes perfiles de signo neurótico, es decir, de aquellos que sienten y son conscientes de su malestar. Son los 4 siguientes: ansiosos, depresivos, fóbicos y obsesivos.




PERFIL ANSIOSO

    


- Se preocupan mucho por los demás, incluso más que por ellos mismos.
- Suelen ser amables y a estar dispuestos a ayudar.
- Evitan los enfrentamientos y los posibles conflictos siempre que pueden.
- Buscan y necesitan tener el control para que todo ocurra como han previsto.
- Reprimen y contienen emociones y/o sentimientos.
- Manifiestan inestabilidad emocional: ira/lloro/alegría....
- Pueden aparentar tranquilidad, pero solo externamente.
- Tienden a los excesos: beber, fumar, comer, comprar, sexo, etc.
- Son excesivamente sensibles pero también reflexivos.
- Son inseguros, preocupados por lo que pensarán los demás.
- Muestran miedo y sentimientos de culpa frecuentemente.
- Son sobreprotectores i quieren ayudar siempre, incluso en exceso.
- No saben del todo lo que realmente quieren (confundidos).
- Dan muchas vueltas a las cosas y les cuesta decidirse.
- Normalmente su nivel de actividad es alto.
- Se desestabilizan ante cualquier problema que surge de improvisto (se ahogan en un vaso de agua).
- Siempre todo lo que hacen ha de ser productivo.
- Su nivel de sufrimiento es alto, y no pueden ni saben decir NO.
- Todo lo viven de forma excesivamente personal (comentarios, opiniones, etc.).
- No saben pedir lo que necesitan.
- Necesidad de huir cuando la situación se complica.
- Miedo a estar solos, al abandono, a ser mal vistos por los demás.
- Pendientes en exceso de sus cambios somáticos y corporales.
- Gran empatía y vivencia de los problemas y sentimientos de los demás como si los vivieran ellos mismos.
- Híper-responsables de todo lo que pasa. 


PERFIL DEPRESIVO








- No se preocupan casi nada de si mismos ni de los demás.
- Hacen las cosas porqué se las dicen, pero no por iniciativa propia.
- Son pesimistas y muy negativos en el presente y en el futuro de lo que puede ocurrirles.
- Tienen sensaciones constantes de fracasar en todo.
- Su autoestima es muy baja, mostrando inseguridad y muchas dificultades para poder decidirse por cualquier opción.
- Se ven impotentes y desbordados para soportar lo que les pasa.
- Presentan multitud de disfunciones somáticas y/o corporales.
- Tendencia al lloro fácil, a la desesperanza, y a pensar en la muerte.
- Hablan poco y de manera no constante (discontinuos).
- Tienen dificultades de atención y concentración.
- Creen que no son valorados por lo que son y/o hacen.
- Sensaciones de humillación y trato injustificado.
- Sentimientos de soledad, aislamiento, y de abandono.
- Frecuentemente se sienten muy cansados y con falta de energía.
- Asumen el rol de “víctima” con el convencimiento de que la vida los trata mal.
- No son capaces de disfrutar de coses que podrían satisfacerlos.
- Tienen actitudes y pensamientos muy limitantes de no poder hacer cosas relativamente sencillas.
- Casi hay que obligarles a hacer las cosas más básicas (alimentación, aseo, limpieza, orden, etc.).
- Pueden mostrar problemas de alimentación y de sueño prácticamente siempre.


PERFIL FÓBICO






- Sus vivencias son de miedo masivo por una situación y/o objeto que desencadena el ataque de            pánico.
- Tienen una gran tendencia a evitar cualquier novedad que no tengan controlada.
- Su consciencia es de sufrimiento excesivo, pero con una incapacidad emocional para reaccionar.
- Sienten un marcado malestar general por lo que les pasa.
- Buscan estar acompañados para hacer las cosas.
- Son muy dependientes i culpabilizan a los demás si no consiguen un acompañamiento.
- Necesitan localizar y tener el control de entrada y salida de los lugares donde están.
- Pueden mostrar agresividad cuando los obligan a hacer espontáneamente alguna acción que desconocen previamente.
- Tienen miedo a ser avergonzados, rechazados y/o humillados.
- Buscan pasar desapercibidos en grupos grandes de gente.
- Manifiestan reacciones de ansiedad física (enrojecer, sudar, temblores, etc.).
- Refieren dificultades importantes para alejarse de sus zonas y lugares habituales.

 PERFILES OBSESIVOS







- Presentan multitud de preocupaciones de diferentes tipos.
- Existencia de conductas repetitivas en diversos entornos.
- Les cuesta poder desconectarse de pensamientos o ideas.
- Son rígidos al hacer las coses y les cuesta mucho cambiar las costumbres o maneras de hacer.
- Prácticamente todo lo van haciendo como si fuera una obligación
- Se les ve cansados y con insatisfacción.
- Suelen ser más lentos que el resto haciendo actividades, con una energía per debajo de la prevista.
- Se mueven por inercia, por costumbres fijas.
- Dificultades de flexibilidad y de agilidad en tareas que necesitan una adaptación a un entorno que cambia.
- Gran tendencia a la indecisión y a la duda, en las cuestiones que más les importan.
- Pueden estar muy predispuestos al orden, a la puntualidad y al perfeccionismo.
- Suelen seguir las normAs y/o reglas de forma estricta.
- No se basan en la razón ni en lo más conveniente para ser estrictos en casi siempre.
- La duda puede bloquearlos mucho, porqué necesitan escoger siempre lo mejor o más conveniente.
- Muestran mucho temor a equivocarse y pasan mucho tiempo valorando absolutamente todo.
- Sufren mucho con las ideas que no pueden quitarse de la cabeza.
- Son conscientes de lo absurdo de su pensamiento o conducta, pero no pueden evitarlo.
- Tienen que hacer diversos rituales, algunos muy complejos, para evitar sentirse mal.

                                                      -------------------------------------

En siguientes publicaciones continuaré con el resto de perfiles, en base a tener una idea complementaria, que pueda ayudar a conocernos más por cómo nos mostramos y no sólo por lo que sentimos.

divendres, 2 de desembre del 2016

EL SÍNDROME DEL “PSICOTERAPEUTA”

En 1976 la psicóloga social Christina Maslach, presentó ante un congreso de la Asociación Estadounidense de Psicología lo que definía como síndrome de BURNOUT (estar quemado, desbordado, fundido, desgastado, fatigado de forma crónica), basado en el análisis tridimensional de los tres constructos siguientes:

1. agotamiento emocional

2. despersonalización

3. baja realización personal,

Constató que dicho síndrome podía aparecer entre sujetos (profesionales) que trabajan en contacto directo con clientes o pacientes.

Con esta pequeña introducción, quisiera explicar lo que entiendo por el síndrome del terapeuta profesional, y especialmente en lo que supone trabajar diariamente en contacto con pacientes de diversas edades y con patología diversa.



No deja de sorprenderme el hecho de que mucha gente considere al psicoterapeuta profesional como una especie de amigo/confidente y charlatán, que obtiene dinero fácilmente por sólo estar hablando. Acompaña a esta idea la creencia de que es un trabajo fácil y que, aparentemente, cualquier persona mínimamente sociable y agradable, podría hacer lo mismo.

Permitidme aclarar que no todas las charlas son iguales, ni tienen el mismo propósito. Escuchar a alguien de forma terapéutica es otro mundo, os lo puedo asegurar.

Es necesario ser consciente en todo momento de lo que dice, siente, piensa, proyecta, intuye, verbaliza, cree, reprime, u olvida. Es como desenredar un gran ovillo de lana con multitud de nudos que impiden que el hilo fluya por sí sólo, a no ser que lo estiremos. 



Esta interacción bilateral requiere un estado de atención permanente visual y auditiva, improvisación, fluidez ideática, paciencia, empatía, tolerancia y capacidad de “acoger” adecuadamente al paciente.

El cansancio, se va acumulando progresivamente, pero el trabajo debe ser el mismo y con la misma intensidad desde el inicio hasta el final de la sesión.

Otro problema añadido e importante suele ser que los períodos de descanso (que deberían ser obligados) no se producen regularmente, ya que siempre surgen situaciones inesperadas que deben atenderse sin ninguna opción de aplazamiento, y de este modo, el esfuerzo a realizar se va incrementando progresivamente cuanto más son las horas de trabajo realizadas.

Al final de la jornada, acabamos realmente cansados, con niveles energéticos bajos, y con una importante necesidad de desconectar de todo un poco.

Muchos piensan que en todos los trabajos pasa lo mismo, y que no es para tanto, pero yo les diría que trabajar con pacientes cara a cara, no permite ni el más leve error de planteamiento ni de estrategia.

Por otra parte, la exigencia del paciente, es muy alta y con gran demanda de eficacia inmediata, lo cual, es totalmente imposible de satisfacer al momento exigido.

Todo proceso tiene su tiempo de sedimentación y asimilación, y sólo entonces, empezarán a notarse los beneficios esperados desde el primer momento.


Es por lo tanto una relación compleja, específica y muy estratégica, que requiere un buen desarrollo bilateral profesional/paciente, y que en ningún caso, podemos banalizar lo más mínimo.

La confianza y el saber escuchar, tal como comentaba, es básico para entrar progresivamente en el mundo de la percepción subjetiva del paciente, y por lo tanto, en cómo entiende él lo que pasa y ocurre.

Es habitual que la realidad objetiva no tenga nada que ver con la que la persona siente, siendo así otro inconveniente que debemos tener presente en todo momento.

El motivo de consulta por el que el paciente empieza un tratamiento, es en muchos casos muy distinto del problema que, en realidad, tiene el paciente.

Los temores, sensaciones diversas, y el cansancio acumulado procedente de las muchas intentonas de resolver el conflicto sin conseguirlo, generan expectativas pesimistas y un desánimo que repercute directamente en la creencia de que “hablando” pueda encontrarse una solución adecuada.

Las personas suelen tener una especie de guión interno que utilizan para actuar. Creo que será interesante que veáis un video de INPSIDE PSICÓLOGOS, que hablan de un “mapa emocional”, definido cómo una forma de orientarse y manejarse en nuestro mundo interno y externo. Se trata de un mapa diseñado a partir de nuestras experiencias más importantes, tanto positivas como negativas. Formado por fotografías de situaciones que hemos vivido, por recuerdos. Por tanto, se trata de un mapa que está en nuestra memoria, en nuestra mente, pero no necesariamente en la realidad.



El trabajo del profesional se orientaría a intentar entender ese mapa que nos enseña el paciente, y una vez repasado y estudiado, procurar sentarnos con él y buscar la mejor forma de entenderlo, trabajarlo y conseguir saber más de nosotros mismos, de lo que sentimos, de lo que pensamos y del porqué nos cuesta tanto sentir una sensación global de bienestar.

Con este post, solamente pretendo mostrar mi máximo respeto a todos los profesionales de la salud mental que día a día intentan acercar a sus pacientes a un estado de equilibrio consigo mismos y con su entorno.

Ánimo y no nos cansemos nunca de realizar esta labor. Una sonrisa vale mucho, y una lágrima, también. La satisfacción debe basarse en el constante intento de seguir avanzado para entender la complejidad de la mente humana, que por mucho que podamos ir avanzando, seguimos estando en una precariedad significativa.

Que cada experiencia que vivamos, y con cada persona que trabajemos, nos de la motivación suficiente para seguir creciendo en todos los sentidos.

Soy un hombre afortunado. Amo mi trabajo.

dimarts, 19 de juliol del 2016

LA SOBREPROTECCIÓN: UNO DE LOS MALES DEL SIGLO XXI

Es frecuente que en una tertulia de sobremesa de domingo por la tarde, se hable de las grandes diferencias de cómo se ha vivido la infancia entre las distintas generaciones de comensales (abuelos, padres, hijos, nietos).

Curiosamente, la sensación más generalizada suele ser la de que los más jóvenes son los que lo han tenido más fácil, ya sea por no haber vivido severas circunstancias ambientales (guerra, postguerra, hambre), ya sea por el esfuerzo de la familia por evitar privaciones en todos los sentidos.





En épocas anteriores, donde la supervivencia era mucho más vigente y aparentemente, más difícil que en la actualidad (teniendo en cuenta las circunstancias ambientales de las que hablaba antes), no se producía una sobreprotección como respuesta a la necesidad, sino más bien todo lo contrario, es decir, el objetivo era conseguir enseñar autonomía y desarrollar capacidad de ser independiente como primer escalón que casi aseguraba un buen funcionamiento personal y socio-familiar.

Preocupaban demasiadas situaciones como para “entretenerse en tonterías” como así decían nuestros abuelos, que habían vivido en su experiencia personal momentos muy duros, sin suficiente ayuda ni medios para poder continuar su vida de la mejor forma.

Quizá ese motivo fue el que empezó a cambiar un estilo educativo hacia los hijos: de enseñarles a sobrevivir, se pasó a facilitar en lo posible los obstáculos que se encontraran, para acabar sobreprotegiendo de forma sistemática y generalizada en todos los sentidos, con lo cual, y sin quererlo, se ha llegado a producir una grave atrofia de la capacidad de reacción personal, del sentido común y de la humildad del futuro adulto.

Al no enfrentarnos a los conflictos de nuestro entorno por nosotros mismos, podemos sentir que se produce un bloqueo y posterior remisión de nuestra capacidad de reacción y adaptación, y es esa situación la que nos lleva a ser mucho más dependientes de lo que deberíamos, con el agravante incluido de que si no tenemos ayuda, la exigimos, puesto que siempre la hemos tenido sin necesidad de pedirla.

A partir de ahí, empiezan graves problemas de convivencia y de situaciones emocionales muy dolorosas, tanto para el sobreprotegido como para la persona que sobreprotege.

Los malos tratos y exigencias, conllevan trastornos de conducta y demandas agresivas de ayuda y reconocimiento del deber y la obligación de tener que resolver lo que pasa “aquí y ahora”.

La intransigencia y falta de tolerancia se dispara y empiezan a notarse fluctuaciones significativas de cambios bruscos del estado de ánimo, que en muchos casos, acaban en manifestaciones patológicas que requieren intervención profesional.

Si lo valoramos de forma global, vemos que esa protección excesiva, ha sido la causante directa de la frustración ante el problema a resolver, y que al no haber podido adquirir el conocimiento desde pequeños, nos impide continuar avanzando.




Como podemos ver, toda causa tiene su efecto.

En mi humilde opinión, el miedo que los padres desarrollan hacia la situación que vive el niño fuera de su entorno de seguridad, es una de las causas más importantes y definitivas de sobreprotección.

Transmiten entonces ese miedo y sus acciones son excesivamente prudentes, con lo cual, no son conscientes de las limitaciones que esa actitud tendrá en el futuro adulto.

Su creatividad e iniciativa no se desarrollará como debería, con lo cual, al sobreproteger, lo que conseguimos es frenar la evolución y el proceso de maduración general del niño.

Y lo más curioso y significativo es que por mucho que advirtamos de la necesidad de no sobreproteger, se produce el efecto inverso en una gran parte de los casos. El miedo a fracasar como padres o a sentirse más responsabilizados de lo que deben, no hacen otra cosa que reforzar más y más esa dependencia que obliga a vincularnos de modo excesivo con nuestros hijos.

Los resultados son extremadamente negativos, nefastos y con un pronóstico a medio y largo plazo desolador.

Poco a poco, estamos hundiendo más profundamente la seguridad del niño en un pozo del que difícilmente podrá salir, si es que acaba consiguiéndolo.

Nuestras propias vivencias y experiencias, influyen directamente en la necesidad de controlar todo lo que acaece a nuestros hijos, para intentar evitarles los errores que nosotros cometimos, pero no somos conscientes de que lo que generamos es peor en sí mismo que el error: el niño no se equivocará porque no luchará con nada, todo se le da hecho y comprobado, con lo que atascamos su capacidad de reacción, y el hecho de elegir y ser crítico con su medio y con sus posibilidades.

No aprenderá a luchar ni a levantarse, no sabrá esperar y ser paciente, no conocerá la tolerancia ni la empatía, y la razón de todo ello, es que no lo necesita porque no debe decidir. Otros deciden por él. A lo largo de los años y cuando ya sea adulto, descubrirá con desconcierto que el mundo exterior no era ni de cerca tal como lo imaginaba, y su reacción más probable será tirar la toalla y dejer que las situaciones marquen su vida y su devenir.

La sobreprotección es sin duda letal. Nos encierra en una burbuja idónea que nada tiene que ver con la realidad. El futuro será duro, difícil y probablemente desastroso en casi todos los sentidos.

El miedo, la dependencia, la intolerancia a la frustración, la falta de creatividad, y la falta de desarrollo adecuado de las capacidades individuales, pueden llevar al desequilibrio mental, y como secuela, tener muchos problemas psicológicos que torturarán al joven adulto, que por sí mismo, prácticamente nunca ha conseguido nada.

El fracaso es en este caso podría llegar a ser inevitable, y las dificultades a afrontar se convertirán en obstáculos prácticamente insalvables.

Desenvolverse por uno mismo, ser capaz de tener autocrítica, ser tolerante con los errores y aceptarlos, escuchar y aprender de los demás, ser humilde en nuestros propósitos, saber escucharse a uno mismo, potenciar nuestros propios deseos y no esperar a que las situaciones se produzcan por sí mismas, pueden ayudarnos a superar esa sobreprotección.

Como conclusión a lo expresado anteriormente, me gustaría hacer hincapié en los muchos estilos de educación infantil existentes, que no son ni mejores ni peores unos que otros.

El único problema realmente grave se produce cuando el nivel de permisividad educativo es excesivo, con lo cual, no hay reglas ni normas ni límites que puedan ayudar a que los niños se controlen.

A partir de ahí, se inicia el largo y lento calvario de las primeras negativas de los niños, hasta la agresividad que puede llegar a ser muy manifiesta en una adolescencia, cada vez más difícil, larga y desestructurada.

Deberíamos actuar de forma preventiva y eficaz, ante una de las posibles causas más importantes de desapego afectivo, egoísmo y falta de empatía, de una gran parte de nuestros adolescentes, que no sólo va a dificultar nuestra vida familiar, sino que va a acentuar la sensación de dolor y de rechazo por parte de nuestros propios hijos.

Busquemos una mejor forma de conseguir un equilibrio sano y adecuado que nos permita tan solo poder vivir (no sobrevivir) en paz y armonía con lo que tengamos.



dimarts, 1 de març del 2016

LAS CURIOSIDADES EN LAS RELACIONES DE PAREJA

Cuantas veces nos hemos asombrado al tener sensaciones particulares, que aparentemente, no tenían un claro desencadenante en nuestra relación de pareja.

Desde mi punto de vista, como digo siempre, creo que lo mejor es explicarlo con un ejemplo. 

Ahí va uno de ellos ..... 

Supongamos que desde hace poco, estamos saliendo con alguien, a quién pretendíamos tiempo atrás, con lo cual, estamos en un momento de locura temporal transitoria, dónde solo vemos aquello que queremos ver, y por supuesto, nada más.



En este estado, parece que el tiempo se detiene y que nuestra mente se centra exclusivamente en esa persona tan importante, y desde ahora, imprescindible. Ofrecemos todo lo que tenemos, incluso lo que no sabemos si tendremos, pero lo importante es cuidar y dar a entender que solo tenemos una prioridad, nuestra pareja.

Nuestros esfuerzos por agradar y complacer no consiguen cansarnos, y es más, todo nos parece poco. En este punto empieza una pequeña cuenta atrás que sin elegirlo, recolocará a su lugar todas las emociones y sentimientos florecidos en estos primeros momentos tan apasionados de enamoramiento, deseo y dedicación.

Al poco tiempo, algunos meses quizás, entramos en la primera fase, y puede que empiece a aparecer una especie de sensación de ansiedad difusa que se nota en síntomas como los siguientes:


  • Problemas para conciliar el sueño como antes, o bien, despertar precoz, sueño intermitente o sueños agitados recurrentes, que no tienen razón de ser (o eso pensamos).

  •  Irritabilidad matutina, al medio día y vespertina, es decir, a lo largo de todo el día. 

  • Sensación de cansancio excesivo sin que a nivel médico exista indicio alguno (analíticas normales, funcionamiento orgánico normal, no problemas de tiroides, etc.).

  • Pequeñas añoranzas de los momentos que antes teníamos con los amigos, vaya, que echamos de menos alguna salida sin nuestra pareja pegada a nuestro lado, pero eso sí, con gran sentimiento de culpa.

  • Sensación de que puedo ser yo el que debo contenerme mucho más y no decir siempre lo que pienso, aunque sea una base la sinceridad desde el inicio y aprobada por ambas personas.

Se producen entonces ciertos puntos discrepantes que reflejan un pequeño descontento en ambas partes y que intentamos hablar y comunicarlo para resolverlo lo antes posible.

Pero en este punto, ya estamos en otro nivel, la segunda fase.

En esta segunda fase, empezamos a no ceder con tanta facilidad y a escuchar menos para imponernos un poco más. Iniciamos un pequeño forcejeo para intentar ganar con nuestro punto de vista al otro, y aunque podemos sentir algo de culpa, el nivel de la misma, es significativamente menor que al principio (ver primera fase).

Aparece entonces otro de los ingredientes especiales, la “suposición y/o duda” respecto a lo que veíamos en un principio, y lo que estamos viendo ahora. Está claro que algo ha cambiado y no sentimos la capacidad de mostrar tanta flexibilidad ni asertividad con las ideas del otro. Bienvenidos a la tercera fase, como en la película, que por cierto, también va de relaciones alienígenas.

En la tercera fase, las posturas de ambos son más consistentes y notamos una rigidificación progresiva de nuestra forma de pensar y sentir, que nos hace más vulnerables a discutir con determinación y una constancia, hasta entonces, inexistente. 

Negros nubarrones amenazan tormenta, y cuando se desencadena, sin ninguna duda, tragamos agua para satisfacer nuestra sed durante unos cuantos días.

Después del primer tsunami, impresionados por su destrucción, una tristeza apenada, una debilidad y una necesidad de generosidad “salvemostodo”, nos lleva a un acuerdo de “no agresión” y a mantener una calma ficticia para rearmarnos convenientemente hasta el siguiente tormentón. Esta es la cuarta fase , en la que vemos claramente que de lo que pensábamos a lo que es hay un buen trecho. El miedo hace su aparición con juegos malabares espectaculares:

¿Me he equivocado? ¿Debo continuar? ¿Sería mejor dejarlo? ¿Podré seguir solo? ¿Qué dirán los demás? 

Imagino que podemos hacernos un sinfín de preguntas, que en este momento, no soy capaz de exponer en este post, por falta de tiempo y espacio.

La quinta fase, es algo más retorcida y de augurios difíciles, y puede ponernos en una situación de enfermedad emocional, con vestigios de “muerte de pareja” si no lo remediamos. La dulce luna de miel, ha llegado a su fin, y lo mismo que al final del verano, empiezan las claras manifestaciones de la depresión POST-VACACIONAL.

Creo que estas cinco fases son lo suficientemente ilustrativas para describir un desarrollo afectivo en la relación de pareja, que seguramente, a muchos les parecerá que pueden identificarse parcial o totalmente con lo que ocurre. 


Volver a la realidad supone un duro golpe que no esperamos.

Es como si despertásemos de un sueño profundo y no pudiéramos creer lo que tenemos delante. La realidad, se transforma en un puño que golpea con dureza y exactitud. En poco tiempo se desmorona todo aquello que teníamos y esperábamos disfrutar.

No pretendo que seamos pesimistas ni negativos en lo que se refiere a las relaciones de pareja, pero es necesario ser conscientes del proceso que he descrito, para evitar en lo posible un malestar profundo y vital que requiere un duelo elaborado y mucho tiempo de sufrimiento para superarlo.

La realidad, es entonces una etapa de tránsito entre lo que suponíamos (pasado) y lo que se avecina (futuro), que curiosamente, vuelve a ser el centro de atención de nuestras próximas expectativas afectivas con un nuevo ciclo que puede repetirse de nuevo. 

El presente cobra mucha importancia como origen de lo que está pasando.

De lo ocurrido podría concluirse que en toda relación de pareja, se sufre un desgaste progresivo al estar conviviendo, y que solo con tolerancia, comunicación, comprensión y trabajo, conseguiremos que nuestra relación tenga un sentido y una continuidad en el tiempo.


Lo conveniente y lo que más nos gustaría, sería saber que podemos hacer para mantener viva la ilusión en nuestra relación de pareja. Expongo a continuación opciones que pueden ayudar, entre otras:
  • Sorprendernos con hechos sencillos.
  • Demostrarnos que somos importantes.
  • Cuidarnos y priorizarnos.
  • Acompañarnos en momentos complicados.
  • Compartir buenos y malos momentos.
  • Estar jugando a vivir en pareja, y como en todo juego, la teoría nos dice que nunca nos cansaremos mientras sea divertido. No olvidemos divertirnos en nuestra relación.
  • Que el deseo de seguir juntos sea fresco cada día, y por ello es necesario recordar, que lo único que realmente envejece, es el cuerpo, pero no necesariamente la mente, ni las emociones ni los sentimientos vinculantes.

Solamente así conseguiremos el equilibrio suficiente para satisfacer los paladares más exigentes, con lo que el desarrollo de la vida en sí, nos parecerá más plena y deseable. 

De todas formas, los comentarios de las parejas con una experiencia generalizada de muchos años viviendo juntos, convergen en el mismo punto, y es que la convivencia en sí, es uno de los detonantes del empeoramiento progresivo de la relación establecida.

Con el paso del tiempo, la relación se va apagando por sí misma y se transforma en una constante rutinaria dónde ambas partes aceptan con mayor o menor acuerdo la situación que mantienen, buscando en muchos casos, otras alternativas externas a ellos para compensar la falta de emoción presente con experiencias distintas, que al ser novedosas, generan interés, motivación y un pequeño paréntesis particular e individual, que disimula la falta de entusiasmo y apatía de lo que ya hace mucho que es habitual.

Afortunadamente, siempre existe la excepción de la regla, y algunas relaciones de pareja se salvan de la quema general. 

La posible explicación del porqué, la dejo un poco en el aire, y que cada uno se plantee que hacen distinto a nosotros esos afortunados que no entran en una de las estadísticas negativas que más dolor emocional produce, la separación. 








divendres, 19 de febrer del 2016

DIGNIDAD Y NEUROTICISMO

La dignidad (del latín: dignĭtas, y que se traduce por “valioso”), hace referencia al valor inherente del ser humano en cuanto ser racional, dotado de libertad y poder creativo, con opciones de modelar y mejorar su vida mediante la toma de decisiones y el ejercicio de sus libertades. Es un concepto que puede asociarse al hecho de tener respeto hacia uno mismo y a lo/los demás, manifestando un comportamiento adecuado, personal y socialmente aceptado como distinguido y ejemplar.

Visto así, la dignidad sería la capacidad de estar relajado, estable, centrado y con predisposición a valorar, juzgar, y actuar con tranquilidad ante cualquier posible situación que nos aparezca o que genere nuestra propia esencia.

Es por ello que podríamos decir que en ese sentido, la dignidad sería inversamente proporcional al neuroticismo, entendiendo éste como un rasgo psicológico que refleja la inestabilidad emocional y que define la personalidad del ser humano. 


¿Qué podemos considerar digno?

¿Dónde radican los límites de la dignidad?

¿Puede la dignidad fingirse o forzarse?




Es digno todo aquello que, generado por nosotros, emula un equilibrio global positivo y generalizado hacia lo que nos rodea. Viene a ser una ola que desplaza lo bueno allá donde va llegando, y genera a su vez, otra ola y otra, hasta llegar al fin del trayecto.


Los límites de la dignidad son tan amplios como cada uno desee y quiera. Pueden ser muy extensos o limitarse en determinados espacios, y sólo dependen de lo que cada ser humano quiera tener en cuenta. La consideración de los límites de la dignidad depende de la influencia de multitud de variables, entre las que nombraría: el nivel intelectual, nivel socio-económico, integración cultural, relaciones interpersonales, estructura familiar, capacidad de adaptación, tolerancia, aceptación de las normas sociales, motivación personal, inteligencia emocional, altruismo, etc…. 


La dignidad debería ser un estándar inimitable, es decir, que solamente se mostrara digno aquel que lo fuera en realidad, pero está claro, que en una sociedad como la nuestra, solemos creer más a aquello que se parece que no a lo que realmente es.

Por ello, si es posible fingir ser digno, sin tener ninguna capacidad adecuada para ello. 

Desolador.

Una persona inteligente puede mostrar seguridad, confianza en sí mismo, ser amable y empático, adaptarse bien a lo que sucede y tener control de lo que siente y expresa. En este caso, será muy difícil saber si su dignidad es o no fingida (¡¡¡que no nos pase nada!!!). 

De ahí la importancia de ambos conceptos unidos por un nexo antagónico, y a la vez, complementario: el enlace de la dignidad con el neuroticismo.

Una personalidad equilibrada podría caracterizarse por un alto grado de dignidad, siempre y cuando, ésta, sea sincera y real (no fingida ni forzada).

La condición humana, entendida como la experiencia de ser humano y vivir como tal, está influida por multitud de variables biológicas, psicológicas, sociales, culturales, y muchas más.

Si presuponemos una hipotética supremacía del ser humano sobre el resto de seres vivos, la dignidad debería ser el barco insignia de nuestra propia evolución y madurez, lo cual desgraciadamente, no es en absoluto cierto, y así hemos ido auto-eliminando civilizaciones poderosas a lo largo de la historia de la humanidad. Pero aún no es suficiente. Debemos arrasar con todo, y nuestro destino parece que en breve, será irremediable, cumpliéndose los peores presagios de un futuro incierto, devastador y apocalíptico. 

Sólo podemos reaccionar con la dignidad de reconocer los errores cometidos y aceptar las consecuencias de los mismos, y en lo posible, mitigar el caos producido compensándolo con un cambio de actitud radical en todos los sentidos.

Para ello es necesario remodelar y reconducir las conductas en un sentido más racional que emotivo, ya que parece que solo reaccionamos ante la obligatoriedad del cambio al haber agotado todos los recursos de los que hemos dispuesto, sin medida ni control.

La dignidad debería ser de importancia capital, pero solo para nosotros mismos, sin que únicamente nos motivase mostrarla como medio de justificación social. 

Nada resulta más mezquino que el aparentar lo que no somos, y esa es una de las razones que nos llevan directamente a muchos de nuestros fracasos de mayor magnitud.

El neuroticismo con el que estamos acostumbrados a vivir, y la falta de recursos altruistas y sociales, nos obligan a sufrir con un alto grado de ansiedad y de estrés contaminante, que no ayuda en absoluto a mantener un equilibrio emocional sano para adaptarnos de forma adecuada y satisfactoria al medio que nos rodea.

De otra forma, la dignidad con la que vivimos, suele ser escasa o inexistente, por mucho que nos cueste reconocerlo. El egoísmo, la avaricia, la necesidad de triunfar por encima de todo y todos, nos guía inexorablemente a nuestra propia destrucción como seres sociales.

Nos vamos encerrando en nuestra propia percepción del mundo y acabamos convenciéndonos de que todo aquello que nos pasa es injusto e intolerable, llevándonos a ser cada vez más fríos, solitarios y egocéntricos. 

Con esta exposición pretendo reflexionar sobre la posibilidad, si es que aún existe y es real, de cambiar nuestros propios valores desgastados con el paso del tiempo, y sin apenas fuerza alguna para poder subsistir por sí mismos. 

El aislamiento resultante es una de las causas que más ansiedad genera en cada uno de nosotros, si bien también es cierto, que ante la posibilidad de estar solo, solo son dignos los que siempre lo han sido. El resto, ni lo son, ni nunca lo serán.


Para finalizar me gustaría mencionar en una pequeña pincelada los efectos cruzados de interinfluencia entre manipulación y dignidad.

Que nadie dude ni por un momento, que estamos constante y continuamente manipulados por multitud de personas, situaciones, hechos, obligaciones, etc.

En este marco, la manipulación sería la antítesis antagonista de la dignidad.

No existe nada más indigno e inaceptable que la manipulación consciente de un ser vivo, sea humano o animal. No me gustaría entrar en polémica alguna, ya que no es mi intención provocarla en ningún caso.

Simplemente quiero incidir en un punto muy concreto, que a mi modo de ver es la clave del post que he publicado:

MIENTRAS EXISTA Y SE UTILICE MANIPULACIÓN DE CUALQUIER TIPO PARA CONSEGUIR UN FIN O UN OBJETIVO, LA DIGNIDAD ESTARÁ RELEGADA AL OLVIDO EN UN RINCÓN PEQUEÑO, OSCURO Y OLVIDADO DE NUESTRO INCONSCIENTE.






dilluns, 25 de gener del 2016

LAS RELACIONES TÓXICAS (RT)

No todas las relaciones que establecemos son adecuadas para nuestro desarrollo afectivo, emocional y social. Algunas de ellas, no permiten que nos sintamos en paz, tranquilos ni satisfechos con lo que conseguimos. Más bien tenemos una desagradable sensación de infelicidad, malestar y de estar permanentemente en estado de alerta.
La tensión resultante afecta nuestro estado de ánimo y puede incluso llevarnos a tener problemas de disfunción física, derivados de las consecuencias de un sufrimiento continuo de esa relación que mantenemos, aunque no sea del todo consciente.
Cuando se da esta situación, no lo dudéis ni por un momento, esta relación que mantenemos con la persona o personas y que nos produce ese estado característico, se puede definir como “RELACIÓN TÓXICA (RT)”.

Estas relaciones pueden generarse fácilmente y abarcar cualquiera de las áreas básicas del entorno personal, es decir, a nivel personal, social, afectivo, familiar y de pareja.


Una vez estemos seguros de que tenemos una RT, deberíamos empezar el proceso de abandonar la misma y regenerarnos a nivel afectivo.
Para ello, es necesario saber cómo se definen las “emociones tóxicas”, y son aquellas que al ser contenidas y/o reprimidas para no sufrir, generan una disfunción orgánica al no poder ser elaboradas y trabajadas a nivel consciente. Un ejemplo sería notar un fuerte dolor de cabeza después de una importante discusión con alguien con quién tenemos un vínculo afectivo determinado. Este tipo de emociones no contienen sensaciones agradables ni placenteras, sino más bien, todo lo contrario.

Tal como dice Bernardo Stamateas, licenciado en Psicología y Teología, nuestras emociones están ahí para ser sentidas, pero no para dominar nuestra vida, ni cegar nuestra visión, ni robar nuestro futuro, ni apagar nuestra energía, ya que, al momento de hacerlo, se volverán tóxicas. Sanar nuestras emociones implica prepararnos a nosotros mismos para liberarnos de las emociones negativas y tóxicas, que en definitiva, no nos ayudan a encontrar una solución.
Por ejemplo es normal que:
· si te han estafado, sientas rabia, pero no que salgas a romperlo todo...
· si te han traicionado, sientas decepción, pero no que no vuelvas a confiar nunca...
· si te han humillado, sientas vergüenza, pero no que dejes de correr riesgos...
· si te han mentido, sientas desconfianza, pero no que sientas resentimiento...
· si te han intimidado, sientas miedo, pero no que te detengas ahí...
· si no te han amado, sientas rechazo, pero no que busques ser rechazado...
· si has perdido o te has sentido frustrado en algo, sientas tristeza, pero no que permanezcas alicaído...

Tenemos ya la información necesaria para intentar desarrollar una forma más o menos eficaz de acabar con nuestras RTs.
Nuestro patrón de personalidad, una vez definido y adulto, tiene mucho que ver en la aceptación o no de este tipo de RT con los demás.
Por lo tanto, el establecimiento de RT no sólo depende de la actitud y conducta de los demás hacia nosotros, sino de cómo toleramos o aceptamos lo que nos rodea en base a lo que necesitamos sentir.
Parece que toda RT, conlleva una necesidad personal no asumida y es por ello que nos cuesta decir no a seguir creando nuevas RT de forma regular. Ese podría ser uno de los peligros que nos acechan para no superar ese estadio de displacer emocional.

Alice Socorro Peña Maldonado, profesora de la Universidad Bolivariana de Venezuela, Licenciada. en Comunicación Social, Magister en Comunicación Organizacional y Dra. en Ciencias para el Desarrollo Estratégico, explica según su experiencia, como las acciones sanas dependerán de la abundancia y conciencia amorosa de uno mismo para asumir el reto de liberación y transformación creativa, y consecuentemente, como la aceptación de las emociones tóxicas, necesitan de la conciencia verdadera para asumir el desafío de comprenderlas y aceptarlas en el tiempo y espacio de nuestra historia personal.


Las RT, siempre conllevan sufrimiento y malestar, afectando nuestra autoestima, seguridad y capacidad de enfrentamiento en algunas o muchas de las áreas más importantes de nuestra vida.
Lo peor es la falta de mecanismos para apartarnos de las personas tóxicas, que puede que no lo sean para otras personas. Eso aún nos puede confundir más y generarnos sentimientos de culpa y de abandono indebido.
La realidad en este caso, apunta a un paradigma inamovible, que deberíamos seguir sin desviarnos en absoluto:

“Toda relación que nos produzca dolor, malestar, infelicidad o altos niveles de ansiedad, debe ser rechazada, apartada o finalizada lo antes posible. Cuanto más tiempo pase, si la seguimos manteniendo, peor será y nos resultará afrontar las consecuencias derivadas de la misma que repercutirán en nuestro desarrollo emocional cotidiano”


Si utilizamos como fuente a “The Mind Unleashed”, veremos que se clasifican 10 tipos distintos de RT, que son los siguientes:

1. LAS RELACIONES EN LAS QUE SOLO ESTÁ A CARGO UNA PERSONA: Si solo una persona ejecuta o lleva la relación, la relación no es sana y no prosperará adecuadamente. Si le damos las riendas de nuestra vida a otra persona, lo más probable es que perdamos el derecho a opinar sobre que hace con ella. Las relaciones sanas implican libertad e igualdad de responsabilidades para ambas personas, cooperación entre las dos personas implicadas.

2. LAS RELACIONES QUE TIENEN LA FUNCIÓN DE “COMPLETARTE” O “LLENARTE”: Una relación no debe servir o utilizarse para suplir carencias personales, ya que esto hace que luego seamos dependientes y no recorramos el camino de crecimiento personal, que no evolucionemos ni mejoremos como personas por nosotros mismos, y queramos o no, es una responsabilidad y un peso muy grandes para la relación y la otra persona. Suelen ser relaciones en las que luego no se toleran separaciones temporales ni estar solos. Uno debe crear su propia felicidad antes de poder compartirla con otros.

3. RELACIONES CO-DEPENDIENTES: Aquí ambas personas necesitan de la aprobación del otro para llevar a cabo cualquier acción, priorizan las necesidades del otro sobre las propias. La otra persona siempre es la responsable de cómo nos sentimos, todo pasa por ella. Nos diluimos con la otra persona y la relación se vuelve adictiva. La vida se convierte en mirar por el bienestar de la otra persona las 24 horas del día.

4. RELACIONES BASADAS EN EXPECTATIVAS IRREALES O IDEALIZADAS: La perfección no existe, si amamos a alguien debe ser con sus “defectos” y con sus más y sus menos. No es sano intentar “arreglar” a las personas o cambiarlas. No debemos tener expectativas grandiosas e irreales ni tampoco pensar que la otra persona puede cambiar (ni intentar hacerlo) para “mejorar” la relación.

5. RELACIONES EN LAS QUE EL PASADO SE UTILIZA PARA JUSTIFICAR EL PRESENTE (o tener la razón): Si estas en una relación en la que continuamente se te culpa por el pasado, la relación es tóxica. Si ambos lo hacen la relación se convierte en una batalla por ver quien se “equivocó” más y por lo tanto quien debe disculparse. Debes aceptar que para estar con alguien tienes que aceptar sus errores y su pasado. El pasado, pasado es, y pasado debe ser.

6. LAS RELACIONES BASADAS EN MENTIRAS CONTINUAS: En las relaciones una omisión es como una mentira, las relaciones se basan en la confianza, abrirse a la otra persona y conocerse mutuamente. Ocultar información relevante solo debilitará la relación.

7. RELACIONES EN LAS QUE EL PERDÓN NO TIENE CABIDA Y EN LAS QUE NO HAY INTENCIÓN DE REPARAR LA CONFIANZA: La confianza se puede reparar, pero mantenerse en una relación en la que no hay intención de repararla, no tiene sentido. En casi cualquier relación a largo plazo, habrá un problema de confianza o alguna mentira en algún momento. Debemos entender que ésta se puede reparar si ambas personas trabajan duramente en su propio crecimiento personal.

8. RELACIONES EN LAS QUE LA COMUNICACIÓN ES PASIVO-AGRESIVA: Consiste en hacer cosas sutiles para molestar a la otra persona hasta que nos preste la atención que queremos. Las relaciones sanas se basan en una comunicación abierta y sincera, pero si la otra persona en la relación nos juzga o crítica cuando nos abrimos puede que nos volquemos en actitudes pasivo agresivas.

9. RELACIONES GOBERNADAS POR EL CHANTAJE EMOCIONAL: Esto se refiere a aplicar un castigo emocional cuando la otra persona no hace exactamente lo que queremos. Al final la otra persona accede a comportarse de otra manera a causa del chantaje.

10. RELACIONES QUE QUEDAN EN UN SEGUNDO PLANO: Las relaciones requieren que se les dedique tiempo y esfuerzo, ya que si no se las cuida, se marchitarán. Es importante dedicar tiempo de calidad a la relación, compartir actividades solo con la otra persona que nos enriquezca como pareja.


-----------------------------------------------------------------------------------------------------

Creo que teniendo en cuenta estas pequeñas consideraciones, podemos tener posibilidades de detectar, evitar y cambiar de RT a Relaciones Sanas, que son las que al fin y al cabo, todos buscamos a lo largo de nuestra vida.