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dissabte, 20 d’abril de 2013

LA PSICOSOMÁTICA (PSM)

La Psicosomática (PSM) estudia la interrelación o interinfluencia de la psique (Psico) con el cuerpo (Soma), es decir, de los factores psíquicos y emocionales con los trastornos funcionales y enfermedades del organismo.

Hoy en día, ya no se pone en duda la importancia de los efectos emocionales en enfermedades, o bien, en el malfuncionamiento de un organismo, que no tiene forma de expresar su malestar de otra manera.

Quizás para enfoques muy reduccionistas y estrictamente biologistas, se valore como una posible alternativa meramente indicativa, pero nunca con un valor suficientemente científico. 




De nuevo estamos en el mismo dilema dicotómico, que nos hace valorar el síntoma como una enfermedad, o por otra parte, el síntoma es una expresión ligada a un malestar emocional, y no podemos verlo únicamente como una enfermedad física.

Seguimos necesitando encontrar sentido a todo y que pueda explicarse de forma científica. De este modo, lo único que conseguimos es alejarnos de un equilibrio integrador, y por esa razón, sigue la lucha dual corazón-cerebro, o de otro modo, ciencia y emociones




Una vez comentado este punto, el mejor enfoque aparente para estudiar y aprender más sobre como expresa nuestro cuerpo su malestar, independientemente del porcentaje de emoción y ciencia que se esté produciendo, es el dual integrador.

Hablaríamos entonces de una psicología integradora y tal como la define Amalia Estévez, psicóloga y escritora argentina, creo que se entiende perfectamente:

- “La psicología integradora es un enfoque sintético de la mente, que permite la comprensión teórica ampliada de ese vasto y complejo universo que es el ser humano interior, su salud, sus enfermedades, y sus caminos graduales de crecimiento, evolución y plenitud.”

Ese es un buen punto de partida para estudiar la psicosomática, y no parece desde ese punto de vista, un hecho poco consistente ni pseudocientífico. 




Volvamos al núcleo principal de lo que comentaba. 

El cuerpo no sabe hablar ni quejarse de lo que siente, y utiliza un medio sabio para poder explicarse, que es lo que conocemos como trastornos psicosomáticos, que también se han denominado recientemente factores psicológicos que afectan al estado físico.

Este tipo de trastornos, son evidentes en los niños (que aún no pueden expresar a través del lenguaje lo que les ocurre a nivel anímico y emocional), así como también lo son en adultos con dificultades de expresión de sentimientos (alexitímicos) y/o ante factores estresantes graves (muerte de un familiar, separación, etc.).

Según como sentimos, o como vivimos estas situaciones, podemos desarrollar o inhibir determinados estados funcionales corporales. Se han realizado numerosos estudios para intentar valorar que tipo de patrones de personalidad y de conducta pueden ser causantes de tener más o menos problemas psicosomáticos.

Hay tres patrones de conducta tipo según el estrés al que pueden someterse por sus características. Son los siguientes:

1. TIPO A
Son impacientes, con tendencias hostiles, alto o muy alto nivel de actividad, lo necesitan todo “ahora mismo”, excesiva implicación que no les permite descansar ni ociar lo suficiente, muy competitivos, dominantes, rápidos en sus quehaceres aunque no necesariamente precisos, autoritarios, inquietos, agresivos, con dificultades en sus relaciones sociales, de pensamiento rígido y poco empáticos. 
SON MUY PROPENSOS AL ESTRÉS. 
Las cardiopatías e infartos están al orden del día.

2. TIPO B
Son casi opuestos al tipo A. Sueñen ser pacientes, tranquilos, y calmados o relajados. No necesitan hacer muchas cosas, ni hacerlas deprisa. No se sienten superiores a los demás y disfrutan de su tiempo de ocio y de descanso. Se rigen por la calidad de lo que hacen y no por la cantidad de lo realizado. Suelen ser más creativos, y tienen mayor reconocimiento y aceptación social. 
NO SON PROPENSOS AL ESTRÉS. 
Muestran pocos o ningún trastorno psicosomático.

3. TIPO C
Son personas poco asertivas y son dependientes, sometiéndose con facilidad a los deseos de los demás. No tienen en cuenta sus propias necesidades ni sus preferencias. Suelen ocultar sus emociones negativas y tratan de aparentar positividad y calma aunque sientan tristeza y desánimo. Pueden sentir ira y rabia, pero son incapaces de expresarla. Se contienen y reprimen con dureza y de forma excesiva. 
SON RELATIVAMENTE PROPENSOS AL ESTRÉS. 
Su estado puede favorecer el desarrollo de diversos tipos de cáncer. 




Una vez explicados las conductas tipo, podemos hablar de los distintos tipos de desórdenes psicosomáticos más frecuentes en nuestra cultura y medio socio-afectivo. Destacan:

- Cardiopatías (angina de pecho, infarto de miocardio)

- Asma bronquial

- Colon irritable

- Lumbalgia

- Cefalea funcional

- Infertilidad psicógena

- Eczema


Eso no significa necesariamente que tener esos trastornos puntualmente, implique tener el problema psicosomático. 
Sólo cuando la pauta sintomática dura tiempo y permanece, debemos intentar valorarlo como patológico.

Y es en este caso cuando el tratamiento psicológico del paciente puede ayudar mucho a solucionar dicho trastorno. 
El enfoque debería ser siempre pluridisciplinar y no únicamente farmacológico, y en todo caso, que no fuese la química el principal medio de combatir ese problema.

Cada día que pasa, más cuenta nos damos de lo importante que resulta lo que sentimos en nuestro interior, pero no como una enfermedad del engranaje corporal, sino como una alteración funcional por malestar psicológico que puede reconducirse, siempre que sepamos escuchar lo que nos cuenta nuestro cuerpo.

Todo lo que está en nuestro interior tiene un gran efecto en nuestra forma de sentir y refleja también lo que expresamos.

Para ello, y para explicarlo mejor, hay un ejemplo que a mi entender es excepcional, y es de Fidel Delgado en una de sus magistrales conferencias recientes. 
Vaya hacia él de mi parte un gran reconocimiento y un enorme respeto por su capacidad de expresar lo que somos de un modo tan especial, particular y casi insuperable.

Si nos podemos comparar con un botijo, tengamos en cuenta que tiene dos aberturas, una de grande por donde entra lo que deba entrar, y otra más pequeña que permite vaciar lo que ha entrado.

Si lo que ha entrado es bueno, fresco y adecuado, saldrá igualmente al exterior sin ningún problema colateral, pero si lo que ha entrado está contaminado, sucio o deteriorado, al vaciarse, saldrá lo mismo que ha entrado con el mismo poder contaminante que tenía en un principio.

Dejemos pues fluir con flexibilidad aquello que se nos mueve por dentro y no dejemos que nos bloquee un sufrimiento al retener lo que no debemos o al sacar de nuestro interior lo que necesitamos.

Esa es una de sus muchas sugerencias para ser capaces de crecer de verdad, sin que los síntomas expresados pasen desapercibidos por la mayoría de seres humanos, rígidos, inflexibles y total y absolutamente sordos al intentar escuchar a su propio cuerpo. 



Gracias Fidel por tus sabias palabras y por acercarnos a un mayor conocimiento de nosotros mismos.


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