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dimecres, 11 de juny de 2014

LO QUE PODRÍAMOS NO SABER DEL ALCOHOL


Se han dicho muchas cosas sobre los efectos del alcohol, su influencia, las consecuencias de tomarlo con regularidad, y del abuso y dependencia finales que suelen llevar a un deterioro significativo de la vida en todos los sentidos posibles, imaginables e inimaginables.

Es por ello que creo innecesario volver a hablar de lo que todos sabemos más o menos, y que ya nos han explicado profesionales, instituciones, campañas publicitarias de prevención y sanidad, medios de comunicación y otras.

Pero con los años de trabajo como psicoterapeuta, y a través de muchas situaciones con los pacientes que tienen problemas con el alcohol, me he ido dando cuenta de que el tema más candente y peligroso es la recaída que suele producirse después de haber intentado desintoxicarse, en un grado, a mi parecer, excesivamente alto.

A partir de ahí, me he centrado en la relación de la persona con el alcohol, desde un único punto de vista exclusivamente psicológico, que es con el que debo trabajar a nivel profesional.




¿Qué motivo puede impulsarnos a empezar a beber?

Muchas son las posibilidades a barajar:

- En casa cuando celebramos acontecimientos familiares y/o sociales en fiestas, aniversarios, festivos, celebraciones, etc.

- En compañía de amigos para sentirnos más adultos o reconocidos.

- Por conveniencias profesionales en comidas o cenas de negocios, como complemento para acompañar conversaciones más o menos trascendentes.

- Para olvidar o ayudarnos a disminuir la ansiedad y los problemas irresolutos de nuestras vidas.

- Y un largo etc.  siempre según cada persona y su situación.

En nuestra cultura el alcohol está prácticamente en cualquier evento de nuestro día a día, y puede a llegar al punto de parecer extraño el hecho de no beber.

Esta importancia del alcohol, lo hace casi imprescindible en nuestra vida cotidiana, y al ser una sensación tan generalizada y habitual, cerramos los ojos y seguimos adelante, pensando que a nosotros, los problemas derivados de beber alcohol, no va a producirnos efectos negativos (puedo dejarlo cuando quiera, tampoco bebo tanto, tengo control cuando bebo, se donde tengo mi límite, etc.).

Es cierto que hay personas que beben con moderación, pero desgraciadamente, están muy por debajo de las que beben de manera abusiva y regular.

El problema empieza cuando la percepción de lo que bebemos nosotros mismos, cambia significativamente con respecto a la percepción que tienen los demás de lo que nos ven beber, con el agravante de que no solemos darnos cuenta por el efecto depresor del alcohol en nuestro sistema nervioso central.

Empiezan a aparecer los rechazos sociales, profesionales y familiares, las situaciones de incomodidad, y el bebedor, solo encuentra cierta paz cuando habla con sus congéneres a los que les ocurre lo mismo. 
Tienen las mismas sensaciones y eso les refuerza a seguir consumiendo sin plantearse realmente hasta qué punto ha empezado a cambiar su vida.
Empieza a esconder que bebe y busca una justificación más o menos creíble para seguir haciendo lo mismo.




Centrémonos ahora en qué efecto psicológico produce el alcohol en los bebedores habituales.

En un estado de consciencia adecuado, muchas de nuestras peores opciones y posibilidades están reprimidas por nuestros mecanismos de defensa. 
De este modo, podemos seguir nuestra rutina con más o menos regularidad.
Es nuestro inconsciente el que encierra todo aquello que puede herirnos o limitarnos a un nivel emocional.

Al beber, y a partir de una cantidad concreta, empezamos a no tener la misma capacidad de reprimir, con lo que parte de lo que estaba contenido, empieza e emerger sin control alguno. 
Se destapa la caja de Pandora, y evidentemente, cada cual tiene la suya. 
Al aflorar lo que escondemos o nos angustia, concienciamos el malestar y dolor que realmente sentimos, y es entonces cuando se desencadena la auténtica crisis personal que estalla con todo su potencial de un modo totalmente consciente.

Al seguir bebiendo, la percepción emocional de lo que nos ocurre se modifica i cambia hacia otra dirección, y en este caso, lo que ocurre es que desaparece temporalmente esa sensación tan profunda y desagradable de malestar por lo que nos está ocurriendo.
Debemos recordar que la necesidad de beber para poder dejar de estar mal es también un hecho imperioso y sin precedentes.
Solamente bebiendo de nuevo, podremos afrontar el resto del día hasta que, de nuevo, necesitemos una nueva cantidad de alcohol.
En este momento también bebemos para paliar el mal estado que nos produce la falta de alcohol en nuestro organismo.

Y de ahí el problema.

Una vez somos conscientes de lo mal que estamos, es muy difícil encontrar consuelo en un estado consciente cargado de emociones negativas, y solamente nos alivia volver a beber para borrar, aunque solo sea por un instante, nuestro persistente infierno personal.

Por ello, una atención psicoterapéutica que nos ayude a elaborar nuestros conflictos, es imprescindible para superar la posible recaída en la bebida, al menos, en una amplia mayoría de las ocasiones.

Las emociones reprimidas que estaban en el inconsciente ya no están escondidas, sino todo lo contrario, nos las vamos encontrando en cualquier momento del día o de la noche, generando una necesidad de olvidar lo que nos pasa o nos ha pasado, pero sin tener las armas ni las estrategias suficientemente eficaces para poder resolverlas.

Desde mi punto de vista, y sin querer contradecir absolutamente a nadie, esa, es para mí la principal causa de las recaídas en el consumo de alcohol.

Esa situación no debe desanimarnos ni hacernos pensar que no podremos superarlo, ni mucho menos. Todos podemos enfrentarnos con nuestros fantasmas, pero eso sí, debemos saber cuáles son, porqué aparecen, de que se nutren y como alejarlos o eliminarlos definitivamente de nuestra vida.




Creo que es una manera factible de que podamos entender las repercusiones del porqué tenemos una necesidad de volver atrás para intentar mitigar el dolor, sin plantearnos otras posibles opciones, que aún siendo difíciles, pueden ayudarnos a superar mejor un hábito autodestructivo.

Los hábitos, sean los que sean, siempre pueden sustituirse por otros más adecuados y constructivos, que nos ayuden a vivir y desenvolvernos con una mayor serenidad, tranquilidad y posibilidad de reorganizar nuestra vida de una forma positiva y con un mayor contenido de satisfacción.