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dilluns, 15 d’abril de 2013

LA INDEPENDENCIA


¿Somos realmente independientes o simplemente lo decimos para convencernos a nosotros mismos?

La independencia como tal, es un concepto muy particular y suele entenderse más según nos conviene, que por la propia definición de la palabra.

La independencia podría definirse como la capacidad del ser humano de valerse por sí mismo, asumir las responsabilidades propias, satisfacer las necesidades básicas y encaminarse hacia los objetivos deseados, sin que deba producirse necesariamente una ayuda o supervisión por parte de otras personas que se relacionen con él. 



De un modo u otro, todos esperamos algún día ser independientes, y poder hacer y deshacer a nuestro antojo. 
Es una especie de objetivo con el que nacemos y vamos desarrollando según las experiencias de vida que acumulamos con los años. 

Se aprende a ser independiente a partir del momento en que ya somos conscientes de que dependemos de algo o alguien.

Esa es una fase difícil, porque las normas que rigen o nos imponen nos hacen envidiar la independencia como camino para poder ser felices y estar del todo satisfechos.

El problema principal radica en la planificación de nuestra posible futura independencia.

Ello requiere una madurez suficiente, puesto que en caso contrario, difícilmente podremos conseguirlo. 
Llegar a ese punto, aunque lo hayamos imaginado un montón de veces, va a suponer un esfuerzo y un autoconocimiento profundo.

Nunca antes en nuestra vida, hemos estado solos, y las repercusiones de sentirlo son significativas. 




Estamos en el momento del “Yo”, para intentar conseguir lo que queremos con nuestro esfuerzo. 

La madurez implica ser responsable de tus propias decisiones, sin dejar que sean otros los que opinen o decidan, y que por tanto, sean ellos los que gobiernen nuestras acciones y respuestas.
 Lo que yo hago, debo asumirlo con todas sus consecuencias, buenas y malas.

El riesgo a equivocarse, a no conseguir lo que nos proponemos y el miedo a lo desconocido, harán mella en cada uno de nosotros, pero nos permitirán aprender y tener experiencia ante aquello que nos ofrece la vida y puede interesarnos.

Eso sí, ser independiente no consiste en anular a nadie, sino en promocionarse uno mismo y potenciar todas las facultades y capacidades que tiene para conseguir lo que quiere.

Ser independiente, no consiste entonces en negar a nadie, ni obligarlo a que haga lo que queremos. 

Consiste en autoreafirmarse con lo que hace y quiere hacer, respetando a los demás y respetándose a sí mismo con una actitud positiva, de comunicación y de tolerancia ante el desacuerdo.

Las cadenas que vamos rompiendo en este proceso, nos hacen cada vez más fuertes, y así conseguimos esa libertad por la que hemos tenido que esforzarnos hasta conseguirla. 




La independencia, no debería ser únicamente económica, es decir, también requeriría que lo fuese a nivel emocional y afectivo. 

Económicamente, somos independientes cuando tenemos la capacidad de ganar el dinero suficiente para mantenernos y sobrevivir sin ayuda externa. 
Está claro, que a día de hoy, ese paso resulta muy y muy difícil. 
Las oportunidades no abundan, y las que tenemos no son consideradas como especialmente interesantes. 
Ante esa situación, solamente tenemos dos opciones:

- O bien redefinimos lo que significa ser independiente, pero permitiendo “ciertas” ayudas externas (padres, familiares, amigos), y por lo tanto, al vivir solos ya somos totalmente independientes o eso nos empeñamos a creer, y nos molesta soberanamente que alguien dude al respecto

- O bien aceptamos que no podemos serlo, con lo que empiezan los problemas emocionales derivados de esa aparente derrota ante la que no parece que podamos hacer mucho para superar y vencer. Empieza el malestar emocional que influye en lo que hacemos y afecta a los que se relacionan con nosotros en nuestra rutina diaria. 



Emocionalmente, somos independientes cuando no necesitamos a otra persona para ser felices.
Nos gusta compartir nuestra vida y afectividad con los demás, pero por deseo expreso y no por obligatoriedad. 
Escogemos con quién queremos estar y relacionarnos en el ámbito social. 

A nivel familiar, los vínculos son los que son, y por ello, es muy aconsejable y coherente tratar de relacionarnos tan intensamente como sea posible. 
Está claro que esa situación no siempre resulta fácil ni posible, pero deberíamos intentarlo para sentirnos satisfechos y sin sentimientos de culpa posteriores. 

Suele ser con nuestra pareja con quién más estrechamente solemos relacionarnos, y debemos recordar que no somos propiedad de nadie, ni que nadie es de nuestra propiedad. Ese concepto nos evitará sensaciones y sentimientos negativos. 
Decidimos tener un proyecto de futuro con esa persona y actuaremos en consecuencia de modo consciente, voluntario y deseado. 
Compartimos voluntariamente, sin imposiciones ni obligaciones, decidimos lo más conveniente desde un punto de vista plural (ambos), es decir, dejamos de ser “yo” para convertirnos en “nosotros”. 




Ser autosuficiente, nunca debería ser sinónimo de otras concepciones como: soberbio, egoísta, engreído, ser superior, etc. 
Debería definir a la persona que sabe utilizar sus recursos para seguir adelante, sin renunciar a nada ni a nadie, pero eso sí, por deseo y elección propia, y no por auto-imposición o necesidad personal o ajena. 

Siendo independientes, somos nuestros únicos responsables, y culpar a los demás o a las situaciones, nunca nos producirá ningún probable bienestar.

Es por ello que suele ser complicado llegar a este punto de equilibrio personal con uno mismo, y que el tiempo que tardamos en conseguirlo es distinto para cada uno de nosotros.

Algunos, nunca conseguirán llegar a ser del todo independientes. 
Otros llegarán después de mucho esfuerzo, y sólo algunos podrán desarrollar su auténtico potencial independiente al conseguir una coincidencia de sentido común, esfuerzo, respeto, comprensión, aprendizaje y deseo personal de gratificación y satisfacción por lo que estamos viviendo, independientemente de las dificultades que aparezcan y puedan enturbiar nuestro estado de conciencia.

Buscar ayuda si la necesitamos, o pedirla para superar un obstáculo, es totalmente lícito. Acostumbrarnos a hacerlo, no.

El ser humano, puede considerarse social por naturaleza, y por esa razón, ha podido avanzar y coronarse en la punta de poder de la pirámide animal.
El problema es que a lo largo de su evolución, ha malinterpretado tanto su dependencia como su independencia, hasta el punto de cometer el error de creer ciegamente en su poder para someter todo aquello que le rodea. 
Este hecho no le ha favorecido ser independiente, sino agresivo, impulsivo, soberbio y destructor. 

Es necesario aprender a ser independiente de otra forma, que nos facilite el reencuentro con nosotros mismos sin los perjuicios y malos hábitos que hemos estado acumulando sin cesar. Desde que empezamos a creernos seres superiores, y por ello, los más cercanos a los Dioses de la creación, los problemas no sólo no han disminuido, sino que siguen aumentando de forma considerable.


"Son pocos los que logran ser independientes. Ello es un privilegio de los fuertes. Quién intenta serlo teniendo el mayor derecho a ello, pero sin considerarlo un deber, demuestra no sólo que es fuerte, sino temerario hasta el desenfreno"

                                                                       Friedrich Wilhelm Nietzsche 




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