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dijous, 17 de gener de 2013

EL SÍNDROME DEL “WHATSAPP"

Las revoluciones tecnológicas de la comunicación están llegando a unas cotas de aceptación increíbles, pero eso también conlleva necesariamente una responsabilidad: la de no dejarnos asfixiar por los nuevos avances que se suceden ininterrumpidamente sin darnos tiempo suficiente para digerirlos de forma adecuada.

Podríamos decir que en poco tiempo, nos cuesta mucho prescindir del WhatsApp, y que es muy posible, que antes de lo que nos creemos, empiecen a producirse consecuencias enfermizas derivadas por un mal y excesivo uso.

Eso es lo que llamo el Síndrome del WhatsApp:
• Ansiedad máxima cuando no tengo a mano una toma de corriente alterna para enchufar el cargador
• Ansiedad máxima cuando antes de 2 minutos no me ha contestado mi interlocutor (está con otro/a, pasa de mi, le soy indiferente, ¿qué le he hecho?...)
• Algias, neuralgias y cefaleas por estar concentrado en una mini pantalla la mayor parte del poco tiempo libre del que dispongo
• Inquietud, nerviosismo y tristeza, derivados de las supuestas largas esperas hasta que, por fin, me responden
• Humor irritable cuando debo dejar de atender mi móvil para hacer otras tareas también necesarias
• Alteración de la percepción ante un mundo que me pasa desapercibido por estar totalmente rendido al mundo de mi android
• Aislamiento social físico substituido por mi amigo y compañero comunicativo virtual
No deberíamos tomarnos tan en serio esta aplicación. Nos ha desbordado y eso no puede ser bueno. 

Quizás nos ayudaría un poco relajarnos en un sentido general y aprender a disfrutar más del WhatsApp que a sufrirlo. Controlemos su uso y démosle el valor que tiene, sin que controle nuestra vida. Aprendamos de nuestros síntomas para saber lo enganchados que estamos y usémoslo correctamente porque es muy útil, pero nunca debería llegar a ser imprescindible.


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